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Tierra de Crecimiento Psicología

Superar un aborto: cuando una pérdida que pocos entienden necesita ser llorada igual

Pasó pronto, dicen algunos. Ya habrá más oportunidades, dicen otros. Al menos no llegaste a conocerlo, dicen los que peor lo entienden. Frases bien intencionadas que, sin querer, transmiten que lo que sientes no debería sentirse, o que ya debería haber pasado. Y sin embargo el dolor sigue ahí, real, físico a veces, presente en los momentos más inesperados. Porque lo que se ha perdido no era solo un embarazo: era un proyecto de vida, unas ilusiones, una idea de futuro que ya se había empezado a construir.

Entre el 10% y el 20% de los embarazos conocidos terminan en aborto espontáneo, y estos duelos pueden persistir durante años, incluso después del nacimiento posterior de otro bebé. No es exagerado sentir que esto te ha cambiado. Y no hace falta esperar a estar muy mal para pedir ayuda.

Por qué este duelo es distinto a otros

A diferencia de otras pérdidas, en el aborto a menudo no hay funerales ni otros rituales de despedida, y quienes lo viven se esfuerzan por procesar todo el tumulto de emociones sin ese marco social que ayuda a elaborar otros duelos. El duelo perinatal es un proceso doloroso por la pérdida del proyecto de vida que se tenía con el bebé: todos los planes, ilusiones y expectativas construidos, es decir, la expectativa de una vida juntos. Es un duelo invisibilizado, que a menudo se vive en silencio porque el entorno no sabe cómo acompañarlo, o porque ni siquiera llegó a saberse del embarazo.

Las investigaciones muestran que la intensidad y la duración del duelo no están necesariamente determinadas por la duración del embarazo, sino por el apego de la mujer al embarazo y en qué medida percibía al bebé en desarrollo como una persona en lugar de como un feto. Por eso no hay un «tamaño» correcto de dolor: cada pérdida se vive según lo que significaba para quien la atraviesa.

Las emociones que aparecen

Es normal sentir tristeza, perder la motivación por implicarse en actividades que antes se disfrutaban, sentir que nadie es capaz de comprender el dolor, y querer alejarse del mundo. También es habitual experimentar síntomas físicos como pérdida del apetito o problemas para conciliar el sueño. Y junto a la tristeza, casi siempre aparecen otras dos emociones que pesan especialmente.

La culpa: si la mujer ha perdido al bebé de forma espontánea, pueden aparecer pensamientos como «no me cuidé lo suficiente» o «no soy capaz de tener hijos». Si el aborto ha sido decidido, puede sentir culpa por haber tomado esa decisión, y vergüenza al contarlo. En la inmensa mayoría de los casos, esa culpa no se corresponde con ninguna responsabilidad real: hasta un 70% de los abortos espontáneos se deben a anomalías cromosómicas, un mecanismo natural de selección biológica que no tiene relación con nada que la mujer haya hecho o dejado de hacer.

El miedo: a no poder volver a quedarse embarazada, a que se repita, a que el cuerpo «no funcione» como debería. Un miedo que puede condicionar de forma muy intensa la relación con un futuro embarazo si no se trabaja.

El impacto en la pareja

Tanto si el aborto es deseado y provocado, como si fue accidental, marca la relación de pareja: hay un antes y un después que puede desestabilizarla. Cada miembro de la pareja puede vivir la pérdida de forma distinta y a su propio ritmo, y esas diferencias, sin un espacio donde nombrarse, pueden generar distancia justo cuando más se necesita estar cerca. Lo peor que puede hacer una pareja cuando sufre un aborto es entrar en juegos de culpabilización.

Cuándo el duelo necesita acompañamiento profesional

Alrededor del 10,9% de las mujeres que han sufrido un aborto espontáneo desarrollan una depresión durante el período de duelo. Este riesgo es aún mayor si no se tienen hijos, si se está en un proceso de reproducción asistida, o si se han perdido otros embarazos previamente. Ver el feto, en algunos casos, puede ser la fuente del desarrollo de un trastorno de estrés postraumático, con pesadillas, pensamientos obsesivos y revivencias del momento de la pérdida.

Si el malestar perdura más allá de varios meses e interfiere en la vida cotidiana, es necesario un tratamiento psicológico, ya sea individual o de pareja según la situación de cada caso.

Cómo trabajamos el superar un aborto en Tierra de Crecimiento

En Tierra de Crecimiento Psicología acompañamos a mujeres y parejas que han vivido un aborto, espontáneo o voluntario, desde el respeto absoluto a lo que cada una siente, sin juicio y sin marcos preestablecidos sobre cómo «debería» vivirse este duelo.

Trabajamos para que la persona pueda recuperar la ilusión y reprocesar la experiencia para minimizar su impacto emocional, expresar la tristeza, la rabia o la culpa sin sentir que tiene que disimularlas para «estar bien» antes de tiempo, y trabajar específicamente la vergüenza y la culpa, que en este duelo tienen un peso particularmente intenso. Trabajamos también con la pareja cuando el proceso lo requiere, porque a veces perder un bebé es una noticia que puede afectar a la otra parte de la pareja o hacer que se resienta la relación.

El tiempo no borra esta pérdida, pero el trabajo emocional permite que deje de doler de la misma forma, y que pueda integrarse en la propia historia sin que defina el futuro.

En los casos en que el duelo ha derivado en una depresión, una ansiedad significativa o síntomas de estrés postraumático, el proceso terapéutico puede complementarse con una valoración médica que contemple el apoyo con psicofármacos, siempre como herramienta adicional al trabajo emocional.

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