Tierra de Crecimiento Psicología
Son las dos de la mañana y llevas una hora mirando el techo. La mente no para: los pendientes del día, lo que hay que hacer mañana, la preocupación de si mañana vas a poder funcionar si no duermes. Y cuanto más intentas dormirte, más despierto estás. Cuanto más miras el reloj, más crece la angustia. Y al día siguiente el agotamiento lo tiñe todo: la concentración, el humor, la paciencia, las ganas de hacer cualquier cosa. El insomnio no es solo no dormir. Es un círculo que se alimenta solo y que sin atención tiende a cronificarse.
Se estima que entre el 20 y el 30% de la población española tiene dificultades para dormir, y que aproximadamente el 10% padece insomnio crónico. Es uno de los problemas de salud más frecuentes y también uno de los que más se intenta resolver con pastillas, que alivian a corto plazo pero no resuelven la raíz del problema. El tratamiento psicológico del insomnio tiene una eficacia demostrada y resultados que en muchos casos superan a los farmacológicos a largo plazo.
El insomnio es la dificultad persistente para iniciar el sueño, para mantenerlo, o para conseguir un sueño reparador, que genera un malestar significativo o interfiere en el funcionamiento cotidiano. No es una noche mala ni una semana difícil: es un patrón que se repite y que con el tiempo afecta de forma muy real a la salud física, emocional y cognitiva.
Puede manifestarse de formas distintas. El insomnio de conciliación es la dificultad para quedarse dormido al acostarse, con la mente acelerada que no para. El insomnio de mantenimiento implica despertares frecuentes durante la noche que impiden el sueño continuo. El insomnio terminal es el despertar muy temprano, mucho antes de lo deseado, sin poder volver a dormir. Y en muchos casos se combinan varias formas a la vez.
El insomnio agudo dura menos de cuatro semanas y suele ser expresión de momentos difíciles, de gran preocupación. El insomnio subagudo tiene una duración de cuatro semanas a seis meses, y tiende a cronificarse. El insomnio crónico dura más de seis meses y a partir de este momento es un problema serio que hay que tratar.
El insomnio tiene en su origen o en su mantenimiento casi siempre un componente psicológico, ya que se suele asociar con un aumento del nivel de alerta fisiológica y psicológica durante la noche junto con un condicionamiento negativo para dormir, por lo que la preocupación intensa y el malestar por la imposibilidad de dormir bien pueden generar un círculo vicioso: cuanto más intenta el individuo luchar contra el insomnio, más frustrado y molesto se encuentra y la activación cerebral producida por la frustración al no poder dormir aumenta el insomnio.
En otras palabras: el miedo a no dormir se convierte en la razón por la que no se duerme. La cama, que debería asociarse con el descanso, empieza a asociarse con la activación, la angustia y el fracaso. Y esa asociación, una vez establecida, se activa de forma automática cada noche antes incluso de apagar la luz.
El insomnio casi nunca aparece de la nada. Casi siempre hay algo que lo desencadena y algo que lo mantiene. El estrés sostenido, la ansiedad, la rumiación nocturna sobre problemas no resueltos, un estado de activación del sistema nervioso que no encuentra el momento de desactivarse, o emociones difíciles que el cerebro procesa por la noche cuando no hay estímulos que las distraigan.
Desde la terapia focalizada en la emoción entendemos que la mente acelerada de la noche es con frecuencia la voz de emociones y preocupaciones que durante el día no han tenido espacio para ser atendidas. El cerebro aprovecha el silencio nocturno para procesar lo que no pudo procesar durante las horas activas. Y cuando ese procesamiento no tiene otro canal, aparece como insomnio.
Agotamiento diurno que interfiere en la concentración, la memoria, el rendimiento laboral y la capacidad de tomar decisiones. La fatiga acumulada tiene un efecto progresivo que va más allá del cansancio puntual.
Impacto sobre el estado de ánimo: irritabilidad, mayor sensibilidad emocional, menor tolerancia a la frustración, tendencia al pesimismo. La privación crónica de sueño deteriora la regulación emocional de forma muy significativa.
Ansiedad anticipatoria que empieza a aparecer por la tarde o al anochecer, solo de pensar en la noche que se avecina. La cama se convierte en un lugar temido en lugar de un lugar de descanso.
Consecuencias sobre la salud física a largo plazo: el sueño insuficiente sostenido aumenta el riesgo de problemas cardiovasculares, metabólicos e inmunológicos. El cuerpo necesita el sueño para repararse, y cuando ese proceso no ocurre de forma consistente, el coste es real.
Los fármacos para dormir pueden ser útiles a corto plazo, especialmente en situaciones de insomnio agudo muy intenso. La intervención conjunta de psicofármacos y terapia psicológica es la mejor opción para el tratamiento del insomnio primario, crónico y comórbido con otros trastornos psicológicos. Pero usados solos y a largo plazo, no atacan la causa del insomnio y pueden generar dependencia, tolerancia y un efecto rebote cuando se intentan retirar. La persona aprende a dormir con la pastilla pero no aprende a dormir sin ella.
En Tierra de Crecimiento Psicología trabajamos el insomnio desde su raíz emocional y desde los mecanismos que lo mantienen activo. Esto incluye varias dimensiones que se trabajan de forma integrada.
Trabajamos el estado emocional que alimenta la activación nocturna: la ansiedad, el estrés, la rumiación, las emociones que no han encontrado otro canal durante el día y que aparecen por la noche. Cuando el sistema nervioso puede regularse mejor durante el día, la noche es más tranquila.
Trabajamos los pensamientos y creencias alrededor del sueño que amplifican el problema: el catastrofismo sobre las consecuencias de no dormir, la presión de tener que dormirse, las predicciones negativas que se activan en cuanto la cabeza toca la almohada. Los días se hacen más largos y pesados cuando no dormimos bien, lo que nos lleva a pensar que las consecuencias del insomnio son incluso mayores de lo que realmente han sido.
Trabajamos también los hábitos y comportamientos alrededor del sueño que sin querer lo dificultan, y la recondicionalización de la cama y la noche como espacios de descanso en lugar de espacios de activación y lucha.
El objetivo no es forzar el sueño. Es crear las condiciones internas y externas para que el sueño pueda ocurrir de forma natural.
En los casos en que el insomnio convive con ansiedad, depresión u otras dificultades emocionales de mayor intensidad, el proceso terapéutico puede complementarse con una valoración médica que contemple el apoyo con psicofármacos, siempre como herramienta adicional al trabajo emocional.
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