Tierra de Crecimiento Psicología
Hay niños y adultos con síndrome de Tourette que han aprendido a vivir con sus tics de una forma razonablemente tranquila. Y hay quienes llevan años luchando contra algo que el cuerpo hace sin que puedan evitarlo, que se sienten observados, juzgados o incomprendidos en entornos que no entienden bien qué les pasa. Que han tenido que dar explicaciones que no tendría que hacer falta dar. Que han vivido la vergüenza, el agotamiento de intentar suprimir los tics, el aislamiento progresivo. Y que a veces necesitan mucho más que información médica: necesitan un espacio donde todo eso pueda ser atendido.
El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico. La psicología no puede eliminarlo. Pero sí puede marcar una diferencia enorme en la calidad de vida de quien lo vive y de su familia. Y esa diferencia es real, medible y necesaria.
El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico del desarrollo que se caracteriza por la presencia de tics motores y vocales múltiples, involuntarios y repetitivos, que se mantienen durante más de un año y que comienzan antes de los 18 años, generalmente entre los 4 y los 11. Es más frecuente en niños que en niñas, en una proporción aproximada de tres a uno.
Los tics motores son movimientos repentinos, rápidos e involuntarios: parpadeos, muecas, movimientos de cabeza o hombros, gestos con las extremidades. Los tics vocales son sonidos involuntarios: carraspeos, gruñidos, chasquidos, palabras o frases. Contrariamente a lo que muestran a veces los medios de comunicación, la coprolalia, que es la emisión involuntaria de palabras obscenas o socialmente inapropiadas, solo aparece en una minoría de casos y no es necesaria para el diagnóstico.
Los tics suelen fluctuar en frecuencia e intensidad, empeoran con el estrés, la ansiedad o el cansancio, y en muchos casos mejoran de forma significativa en la adolescencia o la edad adulta.
El síndrome de Tourette es mucho más que los tics. Con frecuencia se acompaña de otras condiciones que tienen un impacto igual o mayor sobre la calidad de vida:
TDAH: presente en una proporción elevada de personas con Tourette, con un impacto significativo sobre la atención, la organización, el rendimiento escolar y la regulación emocional.
TOC o síntomas obsesivo-compulsivos: pensamientos intrusivos, necesidad de hacer las cosas de una determinada manera, rituales que generan malestar si no se realizan. Aproximadamente la mitad de las personas con Tourette tienen rasgos o síntomas obsesivo-compulsivos.
Ansiedad: tanto como consecuencia del estrés que genera vivir con tics en un entorno social que no siempre los comprende, como de forma independiente. La ansiedad y los tics se retroalimentan: más ansiedad, más tics; más tics, más ansiedad.
Dificultades de aprendizaje: no porque la inteligencia esté afectada, sino porque la combinación de tics, TDAH y ansiedad puede interferir significativamente con la concentración y el rendimiento académico.
Impacto emocional y social: vergüenza, baja autoestima, dificultad para relacionarse con los compañeros, sensación de ser diferente, miedo al rechazo. El sufrimiento emocional del síndrome de Tourette es tan real como los tics, y merece la misma atención.
Tener un hijo con síndrome de Tourette es un reto enorme para cualquier familia. La incertidumbre del diagnóstico, el desconocimiento del entorno, la gestión del colegio, las preguntas sin respuesta sobre el futuro, y la necesidad de acompañar a un niño que sufre mientras se intenta mantener el equilibrio familiar generan un nivel de estrés y desgaste que también merece ser atendido.
Los padres necesitan información, estrategias y un espacio donde procesar lo que están viviendo. Y a veces los hermanos también necesitan ser escuchados, porque el Tourette afecta a toda la familia, no solo a quien lo tiene.
La psicología no elimina los tics. Pero puede transformar la experiencia de vivir con ellos de formas muy concretas:
Reducir la ansiedad que los amplifica, trabajando desde las emociones que están aumentando la activación del sistema nervioso.
Trabajar el TDAH o el TOC asociados, cuando están presentes, con un abordaje adaptado a las particularidades de cada persona.
Acompañar el impacto emocional: la vergüenza, la baja autoestima, el miedo al rechazo, la sensación de ser diferente. Todo eso tiene tratamiento y mejora con trabajo terapéutico.
Orientar a la familia sobre cómo acompañar al niño o al adolescente, cómo hablar con el colegio, cómo gestionar las situaciones difíciles sin generar más presión sobre quien ya tiene suficiente.
Apoyar al adulto con Tourette que lleva años gestionando algo que no siempre el entorno ha sabido entender, y que a veces necesita un espacio para procesar todo lo que eso ha implicado en su historia.
En Tierra de Crecimiento Psicología trabajamos con personas con síndrome de Tourette y con sus familias desde un enfoque centrado en las emociones y en la calidad de vida. Esto significa que no nos quedamos solo en los tics, sino que exploramos el impacto emocional completo del trastorno: la ansiedad, la autoestima, las relaciones, el funcionamiento cotidiano, y lo que todo eso genera en quien lo vive y en quienes le acompañan.
El trabajo se adapta completamente a la edad, las necesidades y el momento vital de cada persona. Con los niños, creamos un espacio seguro donde puedan expresar lo que sienten sin miedo a ser juzgados. Con los padres, ofrecemos orientación, comprensión y herramientas concretas. Con los adultos, trabajamos la historia emocional que el Tourette ha dejado y los recursos para seguir adelante desde un lugar más libre.
El proceso puede desarrollarse en sesiones individuales, familiares o en una combinación de ambas, presencial en Madrid o en modalidad online para toda España. El trabajo psicológico se desarrolla siempre en coordinación con el equipo neurológico o pediátrico cuando es necesario, como parte de un abordaje integral. En los casos en que la ansiedad, el TDAH o el TOC asociados requieren apoyo farmacológico, este se contempla siempre como herramienta complementaria al trabajo emocional, nunca como sustituto.
Si tienes síndrome de Tourette o tienes un hijo que lo tiene y sientes que necesitas un espacio de acompañamiento, podemos ayudarte. Contáctanos para una primera consulta informativa, sin compromiso.