Tierra de Crecimiento Psicología
Las manos sudadas antes de dar un apretón. Las marcas en la ropa en el momento más inoportuno. La sensación constante de que todo el mundo lo está notando. Y cuanto más se piensa en ello, cuanto más se intenta evitarlo, peor. La hiperhidrosis no es solo un problema físico. Es una experiencia que afecta a la autoestima, a las relaciones y a la forma en que una persona se mueve por el mundo.
La hiperhidrosis o sudoración excesiva aparece generalmente en la infancia o en la pubertad y no suele desaparecer a menos que se aplique un tratamiento adecuado. Las zonas del cuerpo más afectadas suelen ser las palmas de las manos, la planta de los pies, las axilas y el rostro. Y aunque tiene una base fisiológica real, el componente emocional juega un papel determinante en cómo se mantiene, se agrava y en el sufrimiento que genera.
La hiperhidrosis es la producción excesiva de sudor que supera lo fisiológicamente necesario para regular la temperatura corporal. Aún no se ha podido determinar el mecanismo específico que la provoca, pero se sabe que aparece como consecuencia de un sobreestímulo del sistema nervioso simpático, que es el responsable de producir el sudor corporal.
Hay dos formas principales. La hiperhidrosis primaria o focal aparece sin una causa médica identificable, afecta a zonas concretas del cuerpo, y tiene un componente genético relevante. La hiperhidrosis secundaria aparece como consecuencia de otra enfermedad o condición, siendo la ansiedad, la diabetes mellitus o el hipertiroidismo algunas de las causas más frecuentes. En ambos casos, el estado emocional tiene un papel muy significativo en cómo se manifiesta y en la intensidad de los episodios.
El mecanismo central de la hiperhidrosis con componente emocional es uno de los más frustrantes que existen: la ansiedad, el estrés o el nerviosismo suponen la puesta en marcha del proceso de sudoración. No obstante, las reacciones emocionales ante la sudoración excesiva también aumentan la cantidad de la misma.
Es decir: sudar genera vergüenza y ansiedad, y esa vergüenza y ansiedad generan más sudoración. La hipervigilancia constante sobre el propio cuerpo, la anticipación de que va a ocurrir, la presión de que no ocurra: todo eso activa exactamente el sistema nervioso que produce el sudor. Cuanto más se intenta controlar, más se activa el mecanismo que lo produce. Es un círculo que sin intervención tiende a crecer.
La hiperhidrosis tiene consecuencias emocionales que van mucho más allá del inconveniente físico. Las personas con hiperhidrosis a menudo se sienten avergonzadas, ansiosas y aisladas. Pueden evitar situaciones sociales, perder oportunidades laborales y sufrir problemas de autoestima.
La vergüenza crónica de algo que no se puede controlar. La planificación constante de qué ropa usar, qué situaciones evitar, cómo posicionarse para que no se noten las marcas. Es habitual que quienes conviven con hiperhidrosis tengan que dedicar entre 15 y 60 minutos extra de su día al manejo de los síntomas. El contacto físico que se evita, el apretón de manos que genera terror, la cita en la que la ropa lo dice todo antes de que se pueda decir nada. Todo eso tiene un coste emocional muy real que merece ser atendido.
El tratamiento psicológico de la hiperhidrosis es especialmente relevante en la hiperhidrosis secundaria, resultado de la ansiedad, el estrés o la depresión. En estos casos, además del seguimiento médico correspondiente, es necesaria una psicoterapia individual que ayude a desvelar los motivos de dicha activación emocional y a buscar nuevas formas de enfrentamiento.
Pero incluso en la hiperhidrosis primaria, donde la base es más fisiológica, el trabajo psicológico es fundamental para romper el círculo de ansiedad y sudoración, reducir la hipervigilancia corporal, trabajar la vergüenza y el impacto sobre la autoestima, y recuperar espacios de vida que la hiperhidrosis ha ido quitando. Tratar solo el síntoma físico sin atender el componente emocional es tratar la mitad del problema.
En Tierra de Crecimiento Psicología trabajamos la hiperhidrosis desde su dimensión emocional, que es donde podemos hacer una aportación real y significativa. No sustituimos el tratamiento dermatológico ni médico, que puede ser necesario en paralelo. Lo que aportamos es el trabajo sobre el componente emocional que en muchos casos es el factor determinante en la cronificación y el agravamiento del problema.
Trabajamos la ansiedad y la activación del sistema nervioso que alimentan el ciclo, la hipervigilancia corporal que lo amplifica, la vergüenza y el impacto sobre la autoestima que la hiperhidrosis ha generado con el tiempo, y la recuperación progresiva de situaciones sociales y actividades que se han ido evitando. Cuando el nivel de activación emocional baja de forma sostenida, la sudoración tiende a reducirse, y sobre todo, el sufrimiento que genera disminuye de forma muy significativa.
En los casos en que la hiperhidrosis está asociada a ansiedad social, depresión u otras dificultades emocionales de mayor intensidad, el proceso terapéutico puede complementarse con una valoración médica que contemple el apoyo con psicofármacos, siempre como herramienta adicional al trabajo emocional.
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