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Tierra de Crecimiento Psicología

Estrés postraumático: cuando algo que ocurrió sigue ocurriendo dentro de ti

Ya pasó. Racionalmente lo sabes. Pero el cuerpo no parece haberlo entendido. Hay momentos en que vuelve con una viveza que no parece un recuerdo: es casi como si estuviera pasando de nuevo. Un olor, una imagen, un sonido, una situación que no tiene nada que ver, y de repente el corazón se dispara, el cuerpo se tensa, y la mente está en otro lugar y en otro tiempo. El trastorno de estrés postraumático no es debilidad. Es lo que ocurre cuando el sistema nervioso vivió algo demasiado intenso para poder procesarlo de la forma habitual, y ese procesamiento quedó interrumpido.

El trauma no es solo lo que ocurre en las guerras o en los grandes desastres. Es cualquier experiencia que, en el momento en que ocurrió, superó la capacidad de la persona para integrarla. Un accidente, una agresión, un abuso, una pérdida repentina, una infancia marcada por el miedo, una situación de violencia sostenida. Todos esos eventos pueden dejar una huella que el tiempo solo no borra, y que sin atención adecuada tiende a cronificarse y a empeorar.

Qué es exactamente el trastorno de estrés postraumático

El trastorno de estrés postraumático, conocido como TEPT, es un trastorno que puede desarrollarse después de haber vivido, presenciado o conocido de cerca un evento traumático. No todas las personas que viven un trauma desarrollan TEPT, y eso no depende de la fortaleza de quien lo vivió, sino de múltiples factores: la intensidad del evento, la presencia o ausencia de apoyo social después, la historia emocional previa, y la forma en que el sistema nervioso de esa persona procesó lo ocurrido.

Lo que define al TEPT no es haber vivido algo terrible, sino cómo ese evento sigue presente en la vida de la persona mucho después de que haya ocurrido, interfiriendo en su funcionamiento cotidiano, en sus relaciones y en su bienestar emocional. Los sucesos no son traumáticos en sí mismos: lo que resulta traumático es el efecto que ejercen sobre una persona determinada en un momento concreto.

El TEPT simple y el TEPT complejo

Hay dos formas principales de TEPT que es importante distinguir porque tienen características y abordajes distintos.

El TEPT simple se desarrolla después de un evento traumático concreto e identificable: un accidente, una agresión, un desastre natural, una experiencia de violencia puntual. Los síntomas están claramente vinculados a ese evento.

El TEPT complejo se desarrolla como resultado de traumas repetidos, prolongados o que ocurrieron en etapas tempranas del desarrollo, especialmente cuando el origen del trauma estaba en las relaciones de apego: abuso infantil, violencia doméstica sostenida, negligencia emocional crónica. El tratamiento del TEPT complejo implica además la reconstrucción de la identidad, que se ve afectada por la exposición al trauma, y un trabajo más amplio para aprender a regular las emociones, de cara a conseguir la estabilización y la integración de los recuerdos traumáticos.

Por qué el sistema nervioso no puede procesar el trauma solo

Cuando vivimos una experiencia normal, aunque sea intensa o dolorosa, el cerebro la procesa, la integra en la historia personal, y con el tiempo pierde su carga emocional aguda. El recuerdo sigue ahí, pero ya no duele de la misma manera.

Cuando la experiencia supera la capacidad de procesamiento del sistema nervioso, ese proceso se interrumpe. El evento queda almacenado de una forma diferente, con toda su carga emocional y sensorial intacta, sin haber sido integrado como algo que ocurrió en el pasado. Por eso los síntomas del TEPT no son recuerdos: son revivencias. El cuerpo no sabe que ya pasó.

Cómo se manifiesta

Revivencias o flashbacks: imágenes, sensaciones físicas, olores o fragmentos del evento traumático que aparecen de forma involuntaria e intrusiva, con una viveza que puede hacer que parezca que está ocurriendo de nuevo.

Pesadillas recurrentes relacionadas con el evento traumático que alteran el sueño de forma persistente.

Hiperactivación del sistema nervioso: estado de alerta constante, sobresaltos ante estímulos que otras personas no notarían, dificultad para relajarse, insomnio, irritabilidad intensa.

Evitación: evitar personas, lugares, situaciones, conversaciones o incluso pensamientos que puedan activar el recuerdo del trauma. La evitación alivia a corto plazo pero mantiene el TEPT activo a largo plazo.

Entumecimiento emocional: sensación de estar desconectado de las propias emociones o de los demás, dificultad para sentir emociones positivas, sensación de extrañeza respecto a uno mismo o al entorno.

Cambios en la forma de ver el mundo y a uno mismo: creencias negativas muy arraigadas sobre uno mismo como «soy débil», «tengo la culpa», «el mundo no es seguro», que se instalaron como consecuencia del trauma.

El TEPT que no se reconoce como tal

Una parte importante de las personas que padecen TEPT no lo identifican como tal. Bien porque no relacionan su malestar actual con lo que ocurrió, bien porque minimizan lo que vivieron («no fue para tanto», «otros han pasado por cosas peores»), bien porque el origen del trauma fue tan temprano que no hay un recuerdo narrativo claro de lo ocurrido pero sí sus consecuencias emocionales. La ausencia de un recuerdo consciente no significa ausencia de trauma. El cuerpo recuerda aunque la mente consciente no pueda acceder a ello.

Cómo trabajamos el estrés postraumatico en Tierra de Crecimiento

En Tierra de Crecimiento Psicología trabajamos el estrés postraumático desde un enfoque centrado en las emociones y en el trauma, con especial atención a la seguridad y el ritmo de cada persona. El trabajo terapéutico con trauma requiere una preparación cuidadosa antes de abordar el material traumático directamente, porque acercarse a lo que el sistema nervioso ha estado evitando sin los recursos necesarios puede ser retraumatizante en lugar de sanador.

El proceso se desarrolla en tres fases: estabilización, donde se desarrollan los recursos emocionales y de regulación del sistema nervioso necesarios para poder trabajar con el trauma; procesamiento, donde se trabaja el material traumático de forma gradual y en un entorno seguro, ayudando al sistema nervioso a integrar lo que ocurrió como algo que pertenece al pasado; y reconsolidación, donde se trabaja la reconstrucción de la identidad y la vida después del trauma.

El objetivo no es olvidar lo que ocurrió. Es que deje de vivir en el presente con la misma intensidad que cuando ocurrió, y que la persona pueda estar en su vida sin que el pasado la gobierne.

Una vez desarrollados, los trastornos de estrés postraumático no remiten espontáneamente. Si no son tratados con una terapia específica para trauma, con el paso del tiempo tienden a empeorar. No hay que esperar a que sea insoportable para buscar ayuda.

En los casos en que el TEPT va acompañado de depresión, ansiedad severa o alteraciones del sueño muy intensas, el proceso terapéutico puede complementarse con una valoración médica que contemple el apoyo con psicofármacos, siempre como herramienta adicional al trabajo emocional.

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