Tierra de Crecimiento Psicología
Tiene cuatro, cinco, seis años o más, y sigue haciéndose caca encima. Ya debería tener el control adquirido, y sin embargo ocurre: en casa, en el colegio, a veces sin que el niño parezca darse cuenta siquiera. La ropa interior manchada, el olor, las miradas en el cole, la frustración de los padres que no entienden qué está pasando ni cómo ayudar. La encopresis es uno de los problemas infantiles que más vergüenza y agotamiento genera en las familias, y también uno de los más incomprendidos.
Lo primero que hay que saber es que la encopresis no es un problema de disciplina, no es una conducta caprichosa ni una forma de llamar la atención. En la gran mayoría de los casos el niño no lo hace a propósito. Y culpabilizarle o castigarle no solo no resuelve el problema: lo agrava. Con el apoyo adecuado, la encopresis tiene solución.
La encopresis es la defecación involuntaria en lugares inapropiados, como la ropa interior, en niños que ya han superado la edad en que se espera el control de esfínteres, generalmente a partir de los cuatro años. No tiene causa orgánica que la justifique, lo que la diferencia de otros problemas físicos del aparato digestivo, aunque con frecuencia se acompaña de estreñimiento que necesita ser tratado en paralelo.
Puede manifestarse de dos formas principales. La más frecuente está asociada al estreñimiento crónico: el niño retiene las heces durante días, el recto se dilata, y las heces líquidas o blandas se escapan sin que el niño pueda controlarlo, manchando la ropa de forma que él mismo no siempre percibe. La otra forma, menos frecuente, ocurre sin estreñimiento, y en estos casos suele haber un componente emocional más directo: el niño defeca en lugares inadecuados de forma que puede tener cierta intencionalidad, aunque generalmente responde a una dificultad emocional que no sabe expresar de otra manera.
La encopresis tiene casi siempre un componente emocional importante, incluso en los casos donde el estreñimiento es el factor físico predominante. El estrés, la ansiedad, los cambios vitales importantes como un divorcio, la llegada de un hermano, un cambio de colegio o situaciones de conflicto familiar, son desencadenantes frecuentes. El niño no tiene herramientas para expresar lo que siente, y el cuerpo lo expresa por él.
También influye la ansiedad alrededor del uso del baño: niños que tienen miedo al inodoro, que han tenido episodios de defecación dolorosa por estreñimiento y han aprendido a retener para evitar el dolor, o que sienten vergüenza de usar el baño en el colegio. Esa retención continuada genera el estreñimiento y la encopresis por desbordamiento que muchas familias no relacionan con el miedo.
Desde la terapia focalizada en la emoción entendemos que detrás de muchos casos de encopresis hay un niño que está cargando con algo emocionalmente que no tiene otro canal de expresión. Trabajar lo que hay detrás, y no solo el hábito defecatorio, es lo que permite una resolución real y duradera.
La encopresis tiene consecuencias emocionales muy reales para el niño. La vergüenza ante los compañeros, el miedo a que se enteren, el rechazo social que puede generar, y la sensación de no poder controlar su propio cuerpo tienen un impacto directo sobre la autoestima y el bienestar emocional. Muchos niños con encopresis desarrollan ansiedad social, rechazo al colegio o síntomas de baja autoestima que no siempre se relacionan con el problema de base.
Para la familia también es agotador: la gestión diaria del problema, la incertidumbre sobre qué hacer, las respuestas del entorno escolar que no siempre son comprensivas, y la frustración de no entender por qué el niño no puede controlarlo generan un nivel de estrés familiar que con frecuencia empeora el cuadro del niño.
En Tierra de Crecimiento Psicología trabajamos la encopresis desde un enfoque que atiende tanto al niño como a la familia, porque ambos forman parte esencial del proceso. El tratamiento psicológico se centra en varios ejes simultáneos.
Con el niño, trabajamos para desarrollar el hábito defecatorio adecuado de forma positiva, sin presión ni castigo, y para abordar las emociones o situaciones que pueden estar contribuyendo al problema: el miedo al baño, la ansiedad escolar, los conflictos familiares o cualquier otra fuente de estrés emocional que el niño esté gestionando sin herramientas.
Con la familia, trabajamos para entender qué está ocurriendo, cambiar las respuestas al problema que pueden estar reforzándolo sin querer, y crear en casa un entorno que facilite la resolución. La actitud de los padres ante los episodios de encopresis es uno de los factores que más influye en la evolución del problema.
El abordaje de la encopresis es multidisciplinar: cuando hay estreñimiento asociado, es imprescindible el trabajo conjunto con el pediatra, que puede recomendar tratamiento médico para regularizar el tránsito intestinal. El trabajo psicológico y el médico se complementan y son más eficaces juntos que por separado.
En los casos en que hay una carga emocional importante detrás de la encopresis, el trabajo terapéutico con el niño puede incluir también el procesamiento de las emociones o situaciones que están en la raíz del problema.
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