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Tierra de Crecimiento Psicología

Trastornos alimentarios: cuando la relación con la comida y con el propio cuerpo se convierte en una fuente de sufrimiento

Hay personas que piensan en la comida casi todo el tiempo. Que organizan su vida alrededor de lo que comen o de lo que no comen. Que se miran al espejo y no pueden ver lo que ven los demás. Que sienten que la única área en la que tienen control es la alimentación, y que perder ese control sería perderlo todo. Que comen de forma compulsiva cuando el malestar emocional es insoportable, y que después se sienten peor. Que llevan años en una relación de guerra con su propio cuerpo sin saber cómo salir. Y que a veces ni siquiera saben que lo que están viviendo tiene nombre, o que merece atención, o que tiene solución.

Los trastornos alimentarios son mucho más frecuentes de lo que se reconoce públicamente y mucho más complejos de lo que a veces se presenta. No son una elección, no son vanidad, no son una fase. Son trastornos psicológicos serios con una base emocional profunda que afectan a la salud física, a la salud mental, a las relaciones y a la calidad de vida de quien los padece. Y tienen tratamiento.

Qué son los trastornos alimentarios

Los trastornos alimentarios son alteraciones persistentes en la conducta alimentaria o en los comportamientos relacionados con la alimentación que generan un impacto significativo en la salud física o en el funcionamiento psicosocial de la persona. No son simplemente comer de forma diferente: son formas de relacionarse con la comida y con el propio cuerpo que generan sufrimiento real y que tienen consecuencias que van mucho más allá de la alimentación en sí.

Lo que tienen en común, independientemente de su forma específica, es que la comida y el cuerpo se han convertido en el territorio donde se expresan emociones, conflictos y necesidades que no han encontrado otro canal. El control sobre la alimentación, los atracones, la purga, la restricción: todos son intentos de gestionar algo que por dentro resulta demasiado difícil de manejar de otra manera.

Trastornos alimentarios que trabajamos

Anorexia nerviosa: restricción severa de la ingesta calórica, miedo intenso a ganar peso y distorsión de la imagen corporal. La persona ve en su cuerpo algo diferente de lo que ven los demás, y ese desajuste entre percepción y realidad es parte central del trastorno. La anorexia tiene las tasas de mortalidad más altas de todos los trastornos psiquiátricos, lo que hace que el abordaje sea especialmente urgente cuando está presente.

Bulimia nerviosa: episodios recurrentes de atracón seguidos de conductas compensatorias como el vómito autoprovocado, el uso de laxantes o el ejercicio excesivo. La persona puede mantener un peso aparentemente normal, lo que hace que el trastorno sea menos visible desde fuera y que muchas veces pase desapercibido durante mucho tiempo.

Trastorno por atracón: episodios recurrentes de ingesta de grandes cantidades de comida en poco tiempo con sensación de pérdida de control, sin conductas compensatorias posteriores. Es el trastorno alimentario más prevalente y afecta a personas de todos los tamaños corporales y géneros.

Ortorexia: obsesión con comer de forma correcta o pura que con el tiempo genera una restricción progresiva, ansiedad intensa ante cualquier desviación de las propias normas alimentarias, y un impacto significativo en la vida social y en la calidad de vida.

Trastorno de evitación y restricción de la ingesta de alimentos: restricción de la alimentación no motivada por el miedo a engordar sino por aversión sensorial, miedo a las consecuencias de comer, o falta de interés en la alimentación. Frecuente en niños y adolescentes, aunque también aparece en adultos.

Vigorexia: preocupación obsesiva por el cuerpo y el músculo que lleva a un ejercicio compulsivo y a una alimentación muy controlada orientada al rendimiento físico. Más frecuente en hombres aunque no exclusiva de ellos.

Megarexia: distorsión de la imagen corporal en sentido contrario a la anorexia: la persona se percibe más delgada de lo que realmente está, lo que puede llevar a una alimentación excesiva y a ignorar las consecuencias sobre la salud.

Por qué los trastornos alimentarios no son sobre la comida

Esta es quizás la comprensión más importante y la que más cambia la forma de abordar el tratamiento. Los trastornos alimentarios no son sobre la comida ni sobre el cuerpo. Son sobre lo que la comida y el cuerpo representan emocionalmente para la persona.

El control sobre la alimentación puede ser una forma de gestionar una ansiedad que de otra manera resulta insoportable. La restricción puede ser una forma de sentirse especial, en control o segura en un mundo que se siente impredecible. Los atracones pueden ser una forma de regular emociones difíciles que no tienen otro canal. La purga puede ser una forma de deshacerse no solo de la comida sino del malestar emocional que la precedió. En todos los casos, la conducta alimentaria está haciendo algo más que alimentar o no alimentar al cuerpo: está gestionando emociones, necesidades y conflictos que no han encontrado otra forma de expresarse.

Eso no significa que las consecuencias físicas no sean reales ni urgentes. Lo son, y requieren atención médica cuando están presentes. Pero significa que tratar solo la conducta alimentaria sin trabajar lo que hay debajo tiene un efecto muy limitado. La persona puede recuperar el peso o dejar de purgarse externamente mientras el trastorno sigue activo por dentro.

La imagen corporal y su distorsión

Uno de los aspectos más complejos de los trastornos alimentarios es la distorsión de la imagen corporal: la incapacidad de ver el propio cuerpo de una forma que se aproxime a la realidad. Esta distorsión no es una elección ni una exageración: es una experiencia perceptiva real en la que el cerebro procesa la información sobre el propio cuerpo de forma diferente a como lo haría sin el trastorno.

La imagen corporal no es solo lo que se ve en el espejo. Es también lo que se siente al habitar el propio cuerpo, lo que se piensa sobre él, y el valor que se le atribuye a la persona en función de su aspecto. Trabajar la imagen corporal es una parte esencial del tratamiento de los trastornos alimentarios, y requiere ir mucho más allá de convencer a la persona de que está bien como está.

La vergüenza como parte del problema

Los trastornos alimentarios van casi siempre acompañados de una vergüenza muy intensa que hace muy difícil buscar ayuda. La persona puede sentir que lo que le pasa es su culpa, que debería poder controlarse, que si los demás supieran lo que hace pensarían mal de ella. Esa vergüenza es parte activa del trastorno, no una consecuencia secundaria. Y es una de las razones por las que muchas personas tardan años en buscar ayuda.

En Tierra de Crecimiento Psicología este es un espacio donde lo que ocurre con la comida y con el cuerpo puede ser nombrado sin juicio y sin condena. La vergüenza no desaparece de un día para otro, pero sí puede empezar a perder el poder que tiene cuando se puede hablar de ello en un lugar seguro.

El papel de la familia y del entorno

Los trastornos alimentarios afectan no solo a quien los padece sino también a las personas que le rodean. Las familias con frecuencia no saben cómo ayudar, tienen miedo de decir lo incorrecto, se sienten impotentes ante algo que no entienden del todo y que no pueden resolver con buena voluntad.

El trabajo con la familia, cuando es posible y cuando la persona lo acepta, es una parte muy valiosa del proceso. No para señalar culpables sino para entender cómo el entorno puede acompañar el proceso de forma que lo apoye en lugar de dificultarlo.

Cómo trabajamos los trastornos alimentarios en Tierra de Crecimiento

En Tierra de Crecimiento Psicología trabajamos los trastornos alimentarios desde las emociones y los conflictos que están en su raíz. Esto significa que no trabajamos la alimentación como tal ni decimos qué debe o no debe comer la persona. Lo que hacemos es acompañarla a entender qué función emocional está cumpliendo la conducta alimentaria, qué emociones o necesidades no están encontrando otro canal, y cómo desarrollar recursos para atender esas emociones y necesidades de formas que no pasen por el cuerpo y la comida.

El trabajo incluye también la imagen corporal, la autoestima, las relaciones y cualquier área de la vida que el trastorno haya afectado. Porque los trastornos alimentarios no se quedan en el plato: se extienden a cómo la persona se ve a sí misma, cómo se relaciona con los demás y cómo vive su vida cotidiana.

El proceso se coordina con el seguimiento médico cuando es necesario, especialmente en los casos en que hay consecuencias físicas que requieren atención. El abordaje más completo y más eficaz de los trastornos alimentarios combina el trabajo psicológico con el seguimiento médico y nutricional cuando procede. Cada parte del equipo aporta lo que la otra no puede dar.

El proceso es en consulta individual, presencial en Madrid o en modalidad online para toda España, con total confidencialidad. En los casos en que el trastorno alimentario convive con un cuadro depresivo o ansioso significativo, el proceso puede complementarse con una valoración médica que contemple el apoyo con psicofármacos, siempre como herramienta adicional al trabajo emocional, nunca como sustituto.

Si lo que has leído te resuena, podemos ayudarte. Contáctanos para una primera consulta informativa, sin compromiso y con total confidencialidad.

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