Tierra de Crecimiento Psicología
La férula la lleva puesta. El dentista le ha dicho que está destrozando el esmalte. Y aun así, por las mañanas se despierta con la mandíbula en tensión, con dolor de cabeza o con esa sensación de haber pasado la noche entera apretando los dientes. Porque la férula protege los dientes. Pero no resuelve por qué los aprieta.
El bruxismo es uno de los ejemplos más claros de cómo el cuerpo expresa lo que las emociones no han encontrado otro canal para decir. La mandíbula carga con lo que no se ha podido soltar durante el día: la tensión, la rabia contenida, la ansiedad, el estrés acumulado. Y lo hace de noche, cuando la guardia baja y el cuerpo intenta descargar de la única forma que conoce.
El bruxismo es el hábito involuntario de apretar o rechinar los dientes, que puede ocurrir durante el sueño o también durante el día, generalmente de forma inconsciente. No es un problema dental en origen, aunque sus consecuencias sí afectan a los dientes, la mandíbula, los músculos masticadores y con frecuencia generan dolor de cabeza, dolor de cuello y tensión facial.
Se estima que entre el 5 y el 30% de la población lo padece, y en la mayoría de los casos tiene una relación directa con el estado emocional: el estrés crónico, la ansiedad sostenida, la tensión acumulada que no encuentra salida y las emociones que se guardan sin ser procesadas son los factores desencadenantes más frecuentes. No siempre hay un conflicto obvio o identificable. A veces es simplemente el resultado de llevar demasiado durante demasiado tiempo.
Cuando el sistema nervioso está en un estado de alerta o de tensión sostenida, los músculos del cuerpo se contraen como parte de la respuesta de activación. La mandíbula es una de las zonas donde esa tensión se concentra con más frecuencia, en parte por su conexión con el sistema nervioso autónomo y en parte porque apretar la mandíbula es una respuesta primitiva asociada a la contención: a tragarse lo que no se puede decir, a aguantar lo que no se puede soltar.
No es una metáfora. Es fisiología. La rabia que no se expresó, la frustración que se guardó, la ansiedad que no tuvo espacio, el estrés que se acumuló sin ser procesado: todo eso tiene que ir a algún sitio. Y en muchas personas va a la mandíbula, especialmente por la noche, cuando el control consciente baja y el cuerpo actúa por su cuenta.
Dolor de mandíbula o sensación de rigidez al despertar, especialmente por las mañanas, que puede extenderse a los oídos, el cuello o los hombros.
Dolor de cabeza frecuente, especialmente en las sienes, que aparece sobre todo al levantarse y que muchas personas atribuyen a otras causas sin relacionarlo con el bruxismo.
Desgaste del esmalte dental, sensibilidad en los dientes, o fractura de piezas dentales en casos más graves, que el dentista detecta antes de que la persona sea consciente de que rechina los dientes.
Ruido al rechinar que en ocasiones despierta a la pareja o a quienes duermen cerca, aunque la propia persona no lo note.
Tensión facial o muscular diurna, con la sensación de llevar la mandíbula apretada incluso estando despierto, especialmente en momentos de concentración, estrés o malestar emocional.
Problemas en la articulación temporomandibular en casos más avanzados, con dificultad para abrir la boca con amplitud o chasquidos al masticar.
La férula de descarga es una herramienta útil e importante: protege los dientes y puede reducir el dolor muscular. Pero no trata la causa del bruxismo, sino sus consecuencias. Si la raíz es emocional, que en la mayoría de los casos lo es, quitar la férula sin haber trabajado lo que hay debajo devuelve a la persona exactamente al mismo punto.
El tratamiento completo del bruxismo requiere atender tanto la parte física como la parte emocional. Y eso es exactamente lo que no suele ocurrir cuando solo se visita al dentista.
En Tierra de Crecimiento Psicología trabajamos el bruxismo desde su raíz emocional. Esto significa que no trabajamos la mandíbula directamente, sino lo que está generando la tensión que se acumula en ella: el estado de activación crónica del sistema nervioso, las emociones que no encuentran otro canal de expresión, el estrés sostenido que el cuerpo descarga de noche porque durante el día no hubo espacio para soltarlo.
Cuando la persona aprende a procesar y expresar lo que siente de otras formas, cuando el nivel de tensión emocional baja de forma sostenida, el cuerpo deja de necesitar ese canal de descarga nocturno. No de golpe, pero sí de forma progresiva y real.
Recomendamos trabajar en paralelo con el dentista o el fisioterapeuta cuando hay consecuencias físicas que atender, porque el abordaje conjunto es más efectivo que cualquiera de las dos partes por separado.
En los casos en que el bruxismo convive con un nivel de ansiedad o estrés muy elevado, el proceso terapéutico puede complementarse con una valoración médica que contemple el apoyo con psicofármacos, siempre como herramienta adicional al trabajo emocional.
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