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Tierra de Crecimiento Psicología

Asertividad

Hay personas que no saben decir que no. Que aceptan cosas que no quieren aceptar, que guardan silencio cuando deberían hablar, que posponen sus propias necesidades una y otra vez para no incomodar a nadie. Y hay personas que van al extremo contrario: que reaccionan con una intensidad que ellas mismas no entienden, que explotan ante lo que parece poco, que dicen las cosas de una forma que aleja en lugar de conectar. En ambos casos, lo que falta es lo mismo: la capacidad de expresar lo que se piensa, se siente y se necesita de una forma honesta, clara y respetuosa. Eso es la asertividad.

Y lo que hay detrás de su ausencia casi nunca es una cuestión de técnica o de vocabulario. Es emocional. Es la creencia de que las propias necesidades no importan tanto como las de los demás. O el miedo al rechazo si se dice lo que realmente se piensa. O aprender desde pequeño que expresar lo que se siente tiene consecuencias. La asertividad no se aprende con una lista de frases: se construye cuando se trabaja lo que hay debajo.

Qué es exactamente la asertividad

La asertividad es la capacidad de expresar pensamientos, emociones, opiniones y necesidades de forma directa, honesta y respetuosa, sin anularse a uno mismo ni pasar por encima de los demás. Es el punto de equilibrio entre dos extremos que generan problemas distintos pero igual de reales:

La pasividad: callarse, ceder siempre, no expresar lo que se necesita, priorizar a los demás de forma sistemática a costa de uno mismo. La persona pasiva evita el conflicto a cualquier precio, pero acumula frustración, resentimiento y una sensación creciente de que no ocupa el lugar que le corresponde en su propia vida.

La agresividad: imponer, exigir, reaccionar con una intensidad que no se corresponde con la situación, no tener en cuenta las necesidades o los límites del otro. La persona agresiva puede conseguir lo que quiere a corto plazo, pero deteriora las relaciones y genera un entorno de tensión que termina volviéndose en su contra.

La asertividad no es ninguno de los dos extremos. Es poder decir que no sin sentir que el mundo se acaba. Es pedir lo que se necesita sin pedir perdón por pedirlo. Es expresar el desacuerdo sin atacar. Es ocupar el espacio que corresponde sin quitárselo a nadie.

Por qué cuesta tanto ser asertivo

La asertividad no es innata. Se aprende, o no se aprende, en función de las experiencias tempranas y del entorno en el que se crece. Quien creció en un entorno donde expresar opiniones generaba conflicto, donde las necesidades propias eran ignoradas o minimizadas, o donde el afecto dependía de no dar problemas, aprende muy pronto que es más seguro callarse. Esa estrategia, que en su momento fue adaptativa, se convierte con el tiempo en un patrón que limita la vida adulta.

También influyen las creencias sobre uno mismo: la sensación de que las propias necesidades no son tan importantes como las de los demás, el miedo a ser egoísta si se pone un límite, la creencia de que decir que no implica romper una relación. Esas creencias no son hechos, pero se viven como si lo fueran, y dirigen el comportamiento de forma automática.

Cómo se nota en el día a día

Dificultad para decir que no ante peticiones que no se quieren aceptar, seguida de resentimiento hacia la persona a la que no se le pudo decir y hacia uno mismo por no haberlo hecho.

Guardar silencio ante situaciones injustas o incómodas y rumiar después lo que se debería haber dicho. La conversación que no ocurrió y que sigue dando vueltas en la cabeza horas o días después.

Explosiones emocionales que llegan después de mucho tiempo de acumulación, que no guardan proporción con lo que las desencadena, y que generan culpa y confusión.

Dificultad para pedir lo que se necesita, ya sea en la pareja, en el trabajo o en las amistades, por miedo a molestar, a parecer exigente o a que la respuesta sea un no.

Sensación crónica de que los demás se aprovechan, de que se da más de lo que se recibe, de que las propias necesidades siempre quedan en segundo plano.

Relaciones que se deterioran por acumulación de cosas no dichas, malentendidos no aclarados o límites no puestos que generan una distancia que nadie ha nombrado.

Cómo trabajamos la asertividad en Tierra de Crecimiento

En Tierra de Crecimiento Psicología trabajamos la asertividad desde las emociones y las creencias que impiden expresarse con libertad, no solo desde las técnicas de comunicación. Porque saber cómo decir las cosas es útil, pero si por dentro hay miedo al rechazo, culpa por poner límites o la creencia de que las propias necesidades no importan, ninguna técnica funciona de forma duradera.

Acompañamos a la persona a entender de dónde viene su forma de relacionarse, qué aprendió en su historia sobre expresarse y ocupar espacio, y cómo cambiar eso desde dentro, de forma que los nuevos patrones de comunicación sean auténticos y sostenibles, no una actuación.

Ser asertivo no es aprender a ser duro. Es aprender a ser honesto contigo mismo y con los demás al mismo tiempo. Y eso cambia las relaciones, el trabajo y la percepción de uno mismo de una forma muy profunda.

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